Mundo ficciónIniciar sesiónLa oficina del profesor Keelen olía a libros antiguos, café cargado y una tensión que se podía cortar con un bisturí. Eira estaba de pie frente a su escritorio, con las mejillas encendidas y los puños apretados. Era una mujer de curvas generosas, de esas que los pintores del Renacimiento habrían inmortalizado en lienzos eternos; su cuerpo era un mapa de relieves suaves y piel n&







