Victoria despertó unas horas después, en una habitación privada de la clínica. Su rostro todavía mostraba signos de cansancio, pero sus ojos brillaban con curiosidad al ver a Raffil sentado junto a ella, sosteniendo su mano.
—¿Qué pasó? —preguntó, su voz suave.
Raffil sonrió, acariciando su cabello.
—Te desmayaste, amor. Estabas agotada. Pero hay algo más… algo que debes saber.
Victoria lo miró, confundida.
—¿Qué es?
Raffil tomó aire antes de hablar, su sonrisa ampliándose.
—Estás embarazada, V