Un día, la frustración de Victoria alcanzó su punto máximo. Había terminado una reunión y decidió que necesitaba un poco de aire fresco. Sin decirle a nadie, salió de su oficina y caminó hacia el ascensor. Los empleados que solían seguirla, estaban ocupados en ese momento, y nadie notó su ausencia hasta que ya era demasiado tarde.
Cuando Raffil se dio cuenta de que Victoria no estaba en su oficina, el pánico lo invadió. Corrió al departamento de seguridad, donde revisaron las cámaras de vigilan