Victoria asumió el control con determinación, dejándose llevar por la lujuria del momento. En ese instante, no existían dimensiones, solo ellos dos. Sus manos expertas lo tocaban, lo traían a su red, dejándolo a su merced. Cada movimiento estaba calculado, cada gesto era una invitación a adentrarse en un mundo de placer y deseo. Victoria sabía exactamente cómo llevarlo al límite, cómo hacer que perdiera el control y se entregara por completo a ella. No había lugar para la duda, solo para la ent