Raffil se encontraba en su despacho, sumido en pensamientos profundos mientras observaba las luces de la ciudad parpadear en la distancia. La noche era tranquila, pero su mente era un torbellino de emociones. El nacimiento de su hijo había sido un rayo de esperanza en medio de la tormenta, pero la sombra de Erik seguía cerniéndose sobre él.
Victoria entró silenciosamente en la habitación, su rostro aún reflejando el cansancio del parto reciente. Sin embargo, sus ojos brillaban con determinación