Victoria se encontraba de rodillas en el cementerio, las heridas de su mano y su pierna aún estaban frescas, pero el dolor físico era nada comparado con el dolor emocional que la invadía. No había podido sentarse en todo el tiempo que había estado allí, observando cómo los trabajadores construían una nueva casa para la tumba de sus padres. La lluvia caía sin piedad, empapando su ropa y su cabello, pero ella no se movía. Estaba atrapada en sus pensamientos, en su dolor.
Mientras tanto, Raffil es