El sonido del reloj de pared era lo único que rompía el silencio en la oficina. Abby revisaba unos papeles, intentando concentrarse, pero su mente seguía atrapada en la conversación que acababa de tener con Trish. Le había hecho bien escuchar una voz amiga, alguien que no la juzgara, que la hiciera sentir que todavía tenía una parte de su vida que le pertenecía. Sin embargo, el alivio duró poco, desde ya.
La puerta se abrió con un clic suave y su piel se puso de gallina cuando Evan apareció en