Sedúceme, conquístame, vuélveme tuyo.
Alexander
Ese rubor en sus mejillas, la forma en la que agacha la mirada y se retuerce los dedos con nerviosismos de un modo morboso y absurdo, me excita. No necesita hacer nada más para conseguir que la polla se me ponga dolorosamente dura y me sorprendo de mi dominio sobre mi cuerpo, solo puedo pensar en metérsela tan profundo que la sienta en el pecho, sin embargo, aquí voy con las manos en el volante ansioso por llegar.
—Yo jamás he... —Toma aire y resp