Serás mía o te pierdo
Alexander
El sonido de dos toques secos en la puerta de madera me arranca de mis pensamientos. No necesito mirar el reloj para saber qué hora es; el nudo que se me ha formado en el estómago me lo advirtió hace rato.
—Adelante —digo, recuperando mi máscara de frialdad antes de alzar la vista hacia la entrada.
Mi secretaria asoma la cabeza con la misma expresión de terror que ha tenido cada día desde que retomé mis obligaciones como CEO y dueño de esta empresa; por lo genera