Esa misma noche me despedí de mis padres y de Danko para volver a casa con mi esposo, pero nada volvió a ser igual que antes, Mario se convirtió en un hombre aún más posesivo y cruel conmigo, ¿pero y yo que iba a hacer si lo amaba y estabamos esperando a nuestro hijo?. Pasó una semana y Danko no dejaba de mandarme flores o llamarme por teléfono, haciendo que Mario se enfadara aún más. Esa noche, me fui yo sola al dormitorio, quedándose mi esposo en el salón con su vaso de whisky y su botella.