Mario y yo entramos en la consulta del doctor, le conté que me encontraba bien, aunque por dentro estaba completamente destrozada por lo que pasaba con la hija de Alexandre y con mi esposo. Me hicieron la ecografía, viendo a mi hijo como se movía y se chupaba su dedito, diciéndonos el médico que era un niño, viendo caer las lágrimas por las mejillas de Mario, preguntándome si sería de felicidad o de tristeza.
—-- Bueno, ahí tenéis a vuestro hijo, está muy bien Rebeca, por sus medidas y su peso