Entramos los cinco al restaurante, saludando un camarero a Rafael, acompañamos al hombre hasta una mesa, donde mi esposo me abrió la silla sentándose él a mi lado en otra silla y al lado suyo la muchacha. Íbamos a empezar a cenar, cuando Mario me miró muy serio.
—- ¿Quieres que cambiemos? —- pregunte.
—- No, pero no apartes tu mano de mis pantalones —- me dijo sonriendo.
Hablamos de los negocios que tenían, pues mi padre me había enseñado muy bien, la esposa de este hombre me miraba sorprendida