Mundo ficciónIniciar sesiónAmy se demoró cerca de una hora en el sótano. Cuando al fin subió, aceptó café con sonrisa fatigada y se sentó con nosotras a la mesa de la cocina soltando un largo suspiro.
—Pennhurst —dijo, y sonaba tan exhausta como se veía—. Allí fue donde se le pegó a Price.
Revolví la despensa por mantecados y tuve suerte de hallar la última bandeja. Tenía que pedirle a Susan que comprara