Mundo de ficçãoIniciar sessãoMe desperté en el armario de Kujo, recostada en su saco de dormir, literalmente dentro de él, porque estaba envuelta en su calor como un capullo de seda. El lugar no tenía ventanas y la puerta estaba apenas entornada.
—¿Kujo? —murmuré frotándome la cara.
—Fran.
—¿Estás bien, mi niño?
—Bien.
—Genial.
—¿Fran bien?







