Esa tarde después de la partida de Karla, Marla terminó de lavar la losa y fue hasta su habitación para revisar detalladamente la ropa de baño que su amiga había dejado para ella. Se midió un par de bikinis para la ocasión, ambos se ajustaban perfectamente a su cuerpo, se miró al espejo y comenzó a acariciar sus propios pechos imaginando que eran las manos fuertes de Abel.
El deseo de tomarse se apoderó de ella, aseguró la puerta para evitar ser interrumpida por su nonna y se acostó en la cam