—¿Y ese cambio de actitud, preciosa? —Jerónimo preguntó deslizando su mano por debajo de la mesa para acariciarle la entrepierna. Ella abrió ligeramente sus muslos y jadeó al contacto de sus dedos, mientras probaba una fresca envuelta en fondou de chocolate y luego se la daba a probar a su esposo.
—Estuve pensándolo mucho y decidí que es mejor disfrutar el momento —jadeó— que perder el tiempo discutiendo. Estaremos un año casados, así que llevemos la fiesta en paz.
Jerónimo ardió de deseo a