Blake tensó su mandíbula. Sabía que esa pieza estaba atada a David, el hombre que, aunque hacía tiempo se había ido, aún ocupaba un rincón del corazón de Maddie. No era estúpido. Podía sentir el fantasma de ese amor presente en cada nota que ella tocaba. Aunque jamás lo admitiría en voz alta, el orgullo de Blake se quebró un poco al comprender que había una parte de su esposa a la que él no podía acceder. Una parte que parecía que siempre sería de otro.
Se cruzó de brazos, intentando no ceder