A pesar de todas las dudas que el consiglieri tenía, Paddy O´Brien cumplió con su palabra. A la hora y el lugar señalado, él junto a varios de sus hombres le entregaron a Rose a Carlo.
— Como se lo prometí, Don Vitale. Aquí tiene a esta loca mujer —dijo el irlandés, dándole un leve empujón a Rose hacia adelante—. Es toda suya ahora. Espero que cumpla con su palabra y me dé lo que acordamos.
Los hombres de Carlo inmediatamente agarraron a Rose de ambos brazos. Ella ya no estaba bajo el efe