Afuera, en los pasillos del hospital, Blake se acercaba con pasos pesados. Llevaba en el rostro una expresión sombría, devastada. El peso de lo sucedido lo consumía, pero más que nada, lo carcomía la necesidad de ver a Maddie. De sostenerla, de pedirle perdón, aunque supiera que ninguna disculpa podría devolverle lo que había perdido. Porque más allá de que él fuera inocente en ese hecho, sentía que indirectamente, había sido la mano ejecutora del sufrimiento de su esposa.
Si él no la hubiese