Blake salió de la habitación con el corazón martillándole el pecho y un vacío helado en el estómago. Apenas podía sentir sus propias piernas mientras avanzaba por el pasillo, como si la realidad a su alrededor se desmoronara en fragmentos borrosos e inconexos.
El aire afuera de la habitación se sentía sofocante, como si el techo del hospital entero lo estuviera aplastando. Quería gritar, golpear algo, hacer lo que fuera para sacar el dolor que lo estaba consumiendo desde dentro. Pero no podía.