Nueva york, 18 de julio de 1930
3.00 p.m.
El sol de la tarde bañaba las ventanas del hospital psiquiátrico, pero en el interior, las sombras parecían más densas de lo habitual. Ava caminaba por los pasillos con pasos medidos, el eco de sus tacones resonando como un metrónomo que marcaba el inicio de algo grande. En sus manos llevaba una pequeña caja, cuidadosamente cerrada, mientras su mirada se mantenía fría y calculadora.
Sabía que no podía permitirse ningún error. Cada detalle había s