Como era costumbre en ella, Sarah Hamilton iba todos los domingos a la misa de primera hora en St. Thomas Church, ubicada en la quinta avenida, cerca del Central Park. Allí por lo general no solo se encontraba con sus padres y hermanos, sino también con varios conocidos que pertenecían a la aristocracia neoyorquina. Eran muy pocas las veces en las que David la acompañaba y ahora, como estaba ensimismado tratando de solucionar los problemas del periódico, apenas si le prestaba atención.
Esa maña