Capítulo 18. Una pieza de gran valor
Al llegar a la casa del contador estacionó el auto a una distancia prudencial. Así podía evaluar el sector.
—¿Qué hacemos? —consultó Elena después de algunos minutos de silencio sepulcral.
—Esperar.
—¿Qué esperamos?
—Algún movimiento.
Media hora después ella comenzó a inquietarse. No hacían otra cosa que estar sentados con la mirada fija en la casa del contador, ubicada a varios metros de distancia.
—¿No estamos un poco alejados? Desde aquí no veo bien.
—Debemos mantenernos a esta distancia. Si