PRISIONERO DE TUS LATIDOS. Capítulo 7.
Samara llegó a su casa con un peso menos sobre sus hombros, algo más en qué pensar y a la vez para dejarlo ser, sin ocultar que un día fue lastimada.
Moreno la recibió con lo que había ocurrido con los caballos y los vaqueros, pero solo quería dormir.
—Le diré al capataz que se haga cargo, mientras usted descansa—dijo comprensivo—Un día en el que se ausente no le hará daño.
—Te lo agradezco—miró la hora en su móvil—¿No ha llamado el ministro? Tenía una reunión con él y lo olvidé por completo