(Eva)
Con el pasar de los días me percaté de la realidad. El pequeño, al que su padre decidió rebautizarlo como Filipo en honor a el mismo, era lo único que me separaba de una brutal golpiza a manos de mi esposo.
Las cosas no podían estar peor bajo cualquier óptica, pero el hecho de ser la nueva madre del niño me protegía de las incontables torturas que el estaría dispuesto a propinarme. Estaba claro que no lo haría si el pudiera darse cuenta.
Filipo o Lipp, como quería que le dijeran, era muy