La caballería la tuvo rodeada en unos segundos, dejándola sin escapatoria y también sin aire. Uno de los hombres arrojó uno de los caballos sobre ella y cayó directo al suelo, oprimiéndole el pecho y quitándole el aire de golpe. El caballero lanzó una sonrisa, arrojándole una carta con brusquedad.
—Mira, esto envía tu esposo. —dijo mientras estallaba una carcajada general, tal como en la fiesta.
—¡La condesa salió de su escondite! —gritaba uno, haciendo muecas sarcásticas.
Eva quería huir, el g