Fueron a cenar al frente de la posada, tal como se los había indicado el encargado. El sitio estaba inundado de aroma a comida y ambos portaban mucha hambre, por lo que se sentaron ansiosos por que les trajesen su orden.
—Aquí sirven comida muy buena. —le dijo Astor, sonriendo, aunque no sin seguir hostil por lo de la separación de los cuartos.
—No veo la hora de que la traigan. —Eva notó su tono de voz cortante. —¿Estas enfadado?
—No. —respondió. —Es que es peligroso…
—Necesito estar a solas.