(Narra Gale)
Los dos chicos me estaban observando con la armadura en el suelo, era mi puerta de escape de ese condenado castillo. No estaba seguro de que quisiera largarme corriendo y dejar en la prisión a Seth y a Astor.
—No me marcharé. —declaré, después de meditarlo unos cuantos minutos.
Pude ver como se enfadaban en el momento preciso.
—¿Qué? ¿A qué te refieres? —preguntó Teo, gruñendo, ese chico no controlaba la rabia del lobo todavía, era un peligro andante.
—No abandonaré a mi hermano y