—Diego sorprendió al escuchar mi risa. Por primera vez, yo desafiaba su autoridad como Alfa.
Sonreí con una sonrisa irónicay puse los ojos en blanco.
—Eres un bastardo arrogante y engreído.
Diego estaba tan furioso que se quedó sin palabras. Permaneció allí, señalándome con el dedo, pero no se atrevía a golpear a su compañera.
Estaba a punto de alejarme cuando de repente me agarró la muñeca con una fuerza aplastante.
—Isabella, no voy a permitir que me dejes otra vez. Mi única misión hoy es llev