—¡Oye! ¿Por qué tardaste tanto en salir? —bramó el inspector McKenzie desde su porche de estilo europeo clásico—. ¿Acaso crees que no tengo hambre? ¡Estaba a punto de llevarme la comida a la boca cuando irrumpiste sin avisar así!
Solté un suspiro cansado y hablé con Rafayel por teléfono: —Lo oyes, Raf. El inspector McKenzie nos llama, parece sumamente alterado.
—Dile que organice el arresto de Terrell en el gran evento, querida —respondió Rafayel con evidente satisfacción.
—Está bien, lo entien