Finalmente, tras unos minutos de tensa espera, la puerta del restaurante se abrió, y la figura de Axara apareció acompañada de Gael. El niño, tomado de la mano de Axara, saltaba de un lado a otro con una sonrisa que iluminaba toda la sala. Su entusiasmo era contagioso, y en cuanto los niños invitados lo vieron, corrieron hacia él con gritos de alegría. Axara, con una expresión de alivio y cansancio mezclados, soltó suavemente la mano del pequeño, dejándolo libre para recibir los abrazos y felic