Amanda se quedó en silencio, incapaz de encontrar palabras. Sabía que Derek tenía los medios para cumplir su amenaza, y el miedo por su padre la paralizaba.
—Entonces harás lo que yo te pida —dijo Derek, apretando aún más su brazo, como si quisiera asegurarse de que su mensaje quedara claro.
Amanda bajó la mirada, las lágrimas rodando por sus mejillas. Su cuerpo temblaba, pero no dijo nada. La falta de respuesta fue suficiente para Derek, quien la soltó con un gesto brusco.
—Buena chica —murmur