Amanda cerró su bolso con manos temblorosas, cada pequeño movimiento pesaba como si cargara un yunque sobre los hombros. Había regresado a la oficina únicamente para recoger sus cosas e irse a casa, pero la culpa la estaba consumiendo. Mentirle a Cael Van Der Wijk no había sido fácil, pero sabía que la salud de su padre dependía de que obedeciera las órdenes de Derek. "No tengo otra opción," se repetía, aunque las palabras no lograban calmar el nudo en su estómago.
El sonido de pasos la sacó de