La mañana siguiente comenzó con un torbellino de emociones. Gael corría por la mansión con la energía imparable de un niño emocionado.
-¡Voy a tener un hermanito! -gritaba mientras iba de habitación en habitación, haciendo reír a los empleados con su entusiasmo. Axara observaba desde la sala con una mezcla de ternura y nerviosismo. Cael, por su parte, se mantenía sereno, aunque su mirada delataba que estaba en constante alerta.
-Será mejor que nos preparemos -dijo él mientras tomaba las llaves