Mientras Sabrina seguía inmersa en sus recuerdos, el coche avanzaba. Cuando por fin salió de su trance, se giró rápidamente hacia Sebastian y le preguntó asustada: “¿A dónde…? ¿A dónde vamos? ¿No se supone que vamos a recoger a Aino?”.
“A comprarte un coche”, respondió él con indiferencia.
“Pero... pero yo no sé conducir”, tartamudeó Sabrina.
Sin mirarla, Sebastian volvió a preguntarle con indiferencia: “¿Y pudiste caminar justo después de nacer?”.
Sabrina no pudo responder.
“Jaja…”. Kings