Frost no pudo evitar resoplar.
¡Sería raro si él quisiera a esa pequeña mocosa!
La hija de una criminal… ¡¿Quién podría amarla?!
Mientras pensaba en eso, Frost empezó a hacer planes en su cabeza. Entonces, le dio una palmadita en la cabeza a Aino y dijo: “Te ayudaré con el dibujo artístico más tarde”.
Aino sacudió la cabeza. “No es necesario, quiero terminarlo yo misma. Solo así puedo mostrar mi sinceridad”.
Frost se quedó sin palabras. Aino era una genio.
Decidió que, una vez que se casar