La voz de Sabrina era tan baja que apenas era un susurro que nadie a su lado podía escuchar, y era más bien un débil sonido que se emitía desde lo más profundo de su garganta. Cada músculo de su cuerpo se tensó inconsciente ante la presencia del hombre.
Habían pasado seis años y el aura intimidatoria que siempre llevaba consigo parecía haber aumentado desde la última vez que lo vio. Sin siquiera decir una palabra, era capaz de poner de rodillas a las personas más poderosas. La familia Sullivan