Marcus se acercó a la mujer vagabunda mientras la llamaba tía. La mujer se congeló y miró con sus ojos vidriosos a Marcus. Las lágrimas de sus ojos se deslizaron por sus mejillas, llevándose la suciedad a su paso. Miró a Marcus con lágrimas semejantes a la sangre cayendo de sus ojos. Con voz profunda, preguntó: "Jovencito, ¿cómo... me acabas de llamar?".
Marcus se acercó y tomó las manos de la mujer con emoción. "Tía, usted es mi tía, ¿verdad? No es la hija de mi abuelastra, sino mi verdadera