Hannah se sentó en el borde de la cama y miró fijamente la puerta. Ya era de mañana y no había podido cerrar los ojos en toda la noche. No sabía qué hacer ahora.
Una opción era salir de la habitación y actuar como si nada hubiera pasado. Otra era quedarse allí y esperar a que Edward u otro sirviente apareciera. La última opción era marcharse silenciosamente de la mansión de Alden.
Sus pensamientos se interrumpieron cuando la puerta se abrió. Hannah giró la mirada hacia la entrada y se sobresalt