KATHERINE SALLES - CAPÍTULO 0034
La rabia que sentía por Ethan Lancaster en ese momento no se comparaba con ninguna de las furias que ya había despertado en mí desde la primera vez que puse un pie en su oficina. Podía jurar, sin la menor hipocresía, que cargaba exactamente quinientos kilos de puro odio dentro de mi corazón.
Cuando me miré en la pantalla de mi celular mientras lo seguía fuera del refugio abandonado, casi me caí de espaldas. Parecía que un grupo de gatos había armado una pelea en