Un rato después…
Arnaldo se fue para la cárcel, se presentó y pidió hablar con el malvado Óscar. Le permitieron entrar y cuando este salió, venía acompañado de un guardia. Se tiró una carcajada al ver a Arnaldo y desde ese momento él supo de qué había sido en vano haber atendido su llamado, porque no es para nada bueno que lo ha hecho venir.
—Sobrino, pensé que no vendrías.
—Aquí estoy, Óscar. Dime para qué me has pedido que venga, o mejor dicho, cuál es ese secreto que me quieres contar.
—Sabe