Los señores Ferreira estaban en el despacho de la casa hablando sobre el destino que tendrían sus empresas, cuando una de las sirvientas llamó a la puerta y les anunció que el señor Óscar estaba aquí y que desea verles.
—Hazlo pasar aquí al despacho, por favor. —Ordenó.
—Sí, señor, con su permiso me retiro. —Respondió muy educadamente la señorita.
—Familia, qué tristeza me da por Arnaldo, y aunque no estábamos cerca, pero yo lo quería con toda mi alma porque era mi sobrino político, el único ni