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El director se acercó a ella y le ayudó a sentarse en la silla. Le alcanzó un poco de agua y se sorprendió cuando la joven se la tomó sin hacer pausa. Pidió a su asistente que le trajera algo de comida mientras él investigaba lo que estaba sucediendo.

—Tranquilízate, hija. Estás nerviosa… no llores. Sea lo que sea, estás a salvo conmigo—. La consoló.

—Necesito ayuda… le suplico que me ayude. Sé que lo he tratado con indiferencia, pero… me arrepiento y le pido perdón.

—¿Te has peleado con tu tía
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