Madison no podía creer lo que sus oídos acaban de escuchar. Quiso hacerle creer a su cerebro que esas palabras habían sido malinterpretadas, así que, con la esperanza de que no fuera real, volvió a preguntar.
—Arnaldo, repite lo que has dicho—. Exigió.
—Te he llamado puta… eso eres… una puta que se disfrazó de oveja blanca e inocente con el fin de mostrarme su belleza, enloquecerme de amor y finalmente acostarse con otros hombres a los que, quizá, les haces lo mismo que a mí… los conquistas, lo