Hermosa, radiante, con esa gran sonrisa que había cautivado el duro corazón de Di Monti, caminando con ese glamour que la caracteriza y luego, aquella nube en la que tenía a su ex, bajo directamente al infierno, al contemplar su acercamiento.
Di Monti, se siente impotente, al estar en esa silla de ruedas, por lo que se gira, para irse hacia Lena, desea que Mei Victorino, no lo haya reconocido en esa silla de ruedas.
Al recordar que su agente estaba en línea, cuelga la llamada, se siente agitado