Los gritos de Di Monti, no son suficientes para sacar a Lena de su desmayo, Mei que aún está escuchando a través de la puerta, le desea el mal a Lena, pero se hace a un lado, haciéndose la loca, cuando ve el doctor acercarse con un agente de seguridad.
Tocan la puerta y Cristhofer pensó que era Mei.
—¡jefe!— exclamó su empleado
—¡Entra rápido!— ordenó a gritos Cristhofer y este abre la puerta dándole paso al médico, rápidamente deja su maleta médica aun lado, y se coloca los guantes
El agente