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—¡Ay, Camilo! —gruñó Lorena y se apartó de él—, ¡no debiste hacer eso!

—Por favor, sé que también te gusta, solo quiero ayudar.

—¡Que él no me gusta, solo somos amigos! —insistió la chica—, y eso, solo porque me gusta su cámara y es la única forma de que me la preste.

Camilo soltó una carcajada que enrojeció su pálido rostr

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