Capítulo 41.

Evangeline sintió una descarga eléctrica que recorrió todo su cuerpo en cuestión de segundos.

Los labios de Noah eran cálidos, suaves, y por primera vez, no buscaban reclamarla como su propiedad, no buscaban hacerle daño, no buscaban sellar un contrato para beneficiarse.

Era un gesto sincero, el silencio dentro de la sala de visitas se hizo tenso y pesado, pero ellos solo podían escuchar la respiración del otro estando frente a frente.

Chía, a un lado, soltó una carcajada escandalosa. Se tapó la boca con las manos, mirando a su amiga con complicidad traviesa, disfrutando del caos emocional que se reflejaba en el rostro de Evangeline.

Evangeline retrocedió un paso, sintiendo que sus mejillas ardían como brasas. El rojo trepó desde su cuello hasta la raíz de su cabello.

Miró a Noah, que permanecía estático, luego a Chía. No podía articular una sola palabra. Su lengua se había quedado sin señal. La vergüenza la golpeó con más fuerza que cualquier giro inesperado del destino.

Sin decir
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