No me des órdenes.
El recuerdo de la capilla le golpeó el estómago con una claridad demasiado inoportuna, arrastrando consigo la imagen de la boca de Jason sobre la suya, pero también la firmeza de sus manos y aquel instante peligroso en el que el beso había dejado de sentirse como una broma producto del alcohol.
Esmeralda sintió una corriente de calor subirle por el cuello y tuvo que aferrarse a toda su dignidad para mantener el rostro firme.
No pensaba darle