No soy su accesorio.
El auto se detuvo frente a la torre de Titan Corp, y Esmeralda bajó sin esperar a que el conductor le abriera la puerta, alisó el vestido negro con un movimiento breve antes de avanzar hacia la entrada.
Cruzó el vestíbulo con la espalda recta, ignorando las miradas que comenzaron a seguirla apenas atravesó las puertas automáticas. Esta vez no eran de sorpresa, sino de reconocimiento.
La rival.
La esposa.